Antecedentes:
Desde sus inicios la especie humana ha
explotado los diversos recursos que la naturaleza ha puesto a su alcance. En un
largo periodo que se extiende desde los orígenes hasta el Neolítico, el hombre
vivió como cazador-recolector haciendo un uso muy extensivo de su medio. La
huella que sus actividades dejaron en la naturaleza fue muy superficial.
Posteriormente el abandono de la vida nómada dio origen a la agricultura y a la
domesticación de las primeras especies animales y vegetales ahora su relación
con el medio natural cambió radicalmente ya que ahora el hombre habría descubierto
que podía modificar su entorno en provecho propio y alcanzar unas cotas de
bienestar desconocidas hasta entonces, se roturaron grandes superficies para
crear campos de cultivo, y con la explosión económica y demográfica que el
desarrollo de la agricultura llevó aparejada se pusieron las bases para la
urbanización y la creación de las primeras sociedades organizadas, en
consecuencia su impacto sobre el medio natural fue muy limitado, en este
periodo el problema de los residuos era prácticamente desconocido porque las
actividades humanas estaban integradas en los ciclos naturales, y los
subproductos de la actividad humana eran absorbidos sin problemas por los
ecosistemas naturales. No obstante, ya se plantearon problemas cuando la falta
de planificación en la recogida de los residuos en los incipientes núcleos
urbanos fue causa de plagas y epidemias que tuvieron un impacto terrible en la
población. A finales del siglo XVIII cuando se inicia la Revolución Industrial,
gracias al desarrollo de la ciencia y la técnica, surgen nuevas actividades
industriales y se desarrolla extraordinariamente el comercio, la implantación
de modelos económicos que basan el crecimiento en el aumento sostenido del
consumo, han supuesto una variación muy significativa en la composición de los
residuos y de las cantidades en que son producidos es así como se produce
entonces una auténtica explosión demográfica y económica que se manifiesta en
el imparable desarrollo de la urbanización, en esta época se empiezan a
arbitrar las primeras medidas con vistas a tratar técnicamente el incipiente
problema de los residuos, que se generan ahora en tal ritmo y son de tal
naturaleza, como resultado de las nuevos procesos productivos, que ya no pueden
asimilarse por los ciclos naturales como hasta entonces. Pero es a partir del
siglo XX y especialmente de su segundo tercio, con la expansión de la economía
basada en el consumo, la cultura del usar y tirar, y los extraordinarios
avances técnicos experimentados cuando el problema empieza a tomar proporciones
críticas y a generar un gravísimo impacto en el medio ambiente. Toda actividad
humana es susceptible potencialmente de producir residuos. Pues bien, en
nuestros días el modelo de explotación insostenible de los recursos naturales
que caracterizó a las primeras etapas del desarrollo industrial ha empezado a
entrar en crisis. Problemas como el agujero en la capa de ozono, el
calentamiento global, la destrucción de los bosques primarios, la desaparición
de la biodiversidad o el agotamiento de los caladeros por la sobrepesca
evidencian una crisis de dimensiones planetarias. Se empiezan a atisbar los
primeros síntomas claros de agotamiento en los ecosistemas y las consecuencias
de todo tipo que de ello se derivarán para la humanidad. En respuesta a esta
situación está surgiendo un nuevo concepto: el desarrollo sostenible, nacido de
la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo de Río de 1992. Éste se
caracterizó entonces al proclamarse que "el derecho al desarrollo debe
cumplir de forma equitativa con las necesidades de desarrollo y de carácter
medioambiental de las generaciones presentes y futuras". En definitiva se
pretende que se satisfagan las necesidades humanas actuales de acuerdo a una
estrategia que respetando los recursos, disminuyendo la degradación ambiental y
evitando la contaminación, no hipoteque el futuro de las próximas generaciones.
Este cambio de paradigma ha influido en la gestión de los residuos, que han
pasado de la consideración de basuras indeseadas a la de fuente de materias
primas que nuestra sociedad no puede permitirse el lujo de desaprovechar.
Paralelamente empieza a calar la idea de que la correcta gestión y
aprovechamiento de los residuos constituye un nuevo yacimiento de empleo y una
oportunidad nada desdeñable para el desarrollo económico.
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